Viaje a Lisboa (I)
Dado que me encontraba pasando unos días de descanso en España y no tenía muchos planes para entonces, Carmen y yo programamos un viaje a Lisboa. Volamos con TAP, compañía aerea por excelencia de Portugal, y llegamos al hotel Zenit, donde nos alojamos un par de noches. En el aeropuerto compramos una tarjeta de turista, la «Lisboa card» (de la que ya nos habíamos informado con anterioridad), que incluía justo lo que necesitábamos: transporte público (metro, autobús, tranvía) y entrada a un conjunto de museos. Según teníamos entendido la tarjeta de 48 horas costaba 20€ pero el precio actual está en 28€. A pesar de que por ser estudiante optábamos a determinados descuentos, no quisimos preocuparnos mucho y optamos por adquirirla.
Al poco de llegar nos hicimos una primera planificación: durante la primera tarde, realizar el camino del hotel al centro (Avenida de Liberdade) y una vez allí hacer un recorrido por los puntos más interesantes: Praça do comércio, Praça Dom Pedro IV, Restauradores, Baixa, Chiado y Cais do Sodré.
El segundo día teníamos interés en visitar Belém, que se encontraba algo distante del centro de Lisboa pero que se llegaba fácilmente por transporte público. Por la tarde queríamos visitar el Castillo de San Jorge, principal punto histórico de la ciudad. El tercer día sólo disponíamos de unas horas durante la mañana, así que ya elegiríamos a dónde ir según nos apeteciera.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta de la cordialidad y amabilidad de los portugueses, y de cómo la mayoría hablaba algo de español e inglés (a pesar de que utilizábamos más éste último). Fue entonces cuando me acordé de aquel reportaje de «Españoles por el mundo» en Lisboa, donde precisamente destacaban que los portugueses aprendían castellano al ver que nosotros no nos molestábamos en aprender inglés ni portugués. Y en parte es así.









Aún sin saber los resultados del examen del 













