
El primer viaje que realicé en mi segunda temporada de Erasmus fue a Gotland, isla sueca de gran extensión situada en el mar Báltico.
Fuimos unos cuantos los que nos quedamos con ganas de ir a Gotland antes del verano, así que haciendo algunas llamadas nos pusimos de acuerdo seis personas para ir en una determinada fecha. La idea original era pasar un fin de semana de agosto, pero debido a unas festividades que se celebraban allí y que encarecían los precios decidimos retrasarlo a los primeros días de septiembre.
Había dos posibles opciones para pasar las dos noches en Gotland: o bien reservábamos alguna habitación en un hostal (youth hostel) o bien acampábamos. El problema era que no teníamos tienda de campaña para todos, pero finalmente dimos con una solución: dado que Daniel, Roger y Jiahao no podían viajar un viernes, Urko Sergio y yo iríamos de acampada el primer día y llegado el sábado nos juntaríamos todos en la capital, Visby.



Para poder visitar Gotland en su totalidad era necesario alquilar un coche; sin embargo, los precios por Internet no parecían ser muy asequibles. No fue hasta que llegamos al puerto cuando vimos un par de empresas que nos ofrecieron unas ofertas más adecuadas a nuestro modesto presupuesto.


Durante el primer día recorrimos la isla desde Visby hasta el sur. El tráfico era casi inexistente y los pueblos más allá de la capital parecían bastante pequeños, ése fue para nosotros el encanto de Gotland: la tranquilidad.

Cuando llegó la noche buscamos un sitio para colocar la tienda y preparar una hoguera, deleitándonos con las latas de alubias, albóndigas y ärtsoppa de dudoso sabor que habíamos comprado a nuestra llegada.


A la mañana siguiente pusimos rumbo de vuelta a la capital para juntarnos con el resto del grupo, que llegaban desde Estocolmo a media tarde. A medio camino hacia el puerto tomamos café en un pueblo situado al Este de la isla, que curiosamente estaba en semana de feria. Allí estaban varios partidos políticos haciendo campaña y preparando cordero.



Una vez reunido el grupo al completo, nos dirigimos al norte, donde habíamos alquilado una cabaña que se encontraba muy cerca del principal atractivo de la Gotland: las formaciones rocosas de Fårö.
Gracias a que conducíamos dos coches pudimos ir haciendo parada en los sitios más interesantes de la ruta, aunque en alguna ocasión el recorrido por zonas de tierra se convirtió en un auténtico rally. ¡Dónde estarían esos expertos de la fórmula1 para decirme que usáramos neumáticos mixtos!







A la vuelta de nuestro recorrido por el norte hicimos parada en Lummelundagrottan, pueblo característico por sus cuevas (visitables tras el generoso pago de 12€). Para acabar nuestra visita a la isla, visitamos la capital unas horas antes de coger nuestro barco de vuelta a Estocolmo. Y fin de la aventura.






